La Argentina tomará distancia del pedido de la representante estadounidense ante Naciones Unidas para que se cierre el Comité Especial de Descolonización
El pedido de Estados Unidos para disolver el Comité Especial de Descolonización de la ONU impacta directamente en el reclamo argentino de soberanía sobre las Islas Malvinas, que se ha sostenido en este foro desde 1988. Durante casi cuatro décadas, Argentina priorizó este comité, evitando debatir el tema en la Asamblea General de la ONU debido a las negociaciones con el Reino Unido tras el restablecimiento de relaciones en 1990.
Los sucesivos gobiernos argentinos han participado activamente en las reuniones del Comité, considerándolo el ámbito adecuado para lograr un diálogo formal con Londres. La ONU reconoce 17 Territorios No Autónomos, diez de los cuales están administrados por el Reino Unido. Londres, incómodo con este Comité, probablemente apoyaría cualquier iniciativa para disolverlo, como lo ha hecho antes. El canciller argentino, Pablo Quirno, denunció en junio la "militarización" británica y la "explotación unilateral de recursos naturales" en el archipiélago.
El Comité forma parte de la Cuarta Comisión de la Asamblea General de la ONU. Estados Unidos busca paralizar su funcionamiento, argumentando que ha "sobrevivido a su propósito original" y que algunas de sus actividades son un "despilfarro de recursos", según la representante Tammy Bruce. A pesar de que más de 80 antiguas colonias ya son estados miembros de la ONU, el Comité, según Bruce, actúa como si nada hubiera cambiado, revisando los mismos textos anualmente.
Argentina no apoyará la disolución del Comité y, con cautela, se distanciará de la postura estadounidense, a pesar de la cercanía ideológica entre Javier Milei y Donald Trump. Se espera que Quirno exprese la disconformidad argentina a Christopher Landau, número dos de Marco Rubio en el Departamento de Estado, durante su próxima reunión en Buenos Aires.
La disolución del Comité es improbable, ya que requeriría que la Asamblea General no renueve su mandato anual por mayoría simple, algo difícil de lograr dada la histórica tradición de países africanos y del Caribe de apoyar el Comité. Consciente de esto, Washington podría optar por criticarlo y buscar reducir su margen de acción.
La postura de Estados Unidos reafirma las críticas de Donald Trump a la burocracia de la ONU y su ineficacia para resolver conflictos globales. Esta propuesta de la Casa Blanca marca una diferencia significativa con Argentina en el ámbito de la ONU, ya que hasta ahora Argentina había respaldado las posiciones de Estados Unidos en las votaciones desde la llegada de Trump.
Diplomáticos consultados sugieren que la postura de la Casa Blanca reafirma la hipótesis de que Donald Trump está utilizando la amenaza de revisar la neutralidad estadounidense sobre las Malvinas como una herramienta de negociación con Londres. Aunque ha habido pequeñas señales en este sentido, la relación con el nuevo primer ministro británico, Andy Burnham, pareció encauzarse tras su encuentro en la Asamblea General de la ONU.
La solicitud de disolución del Comité no debe interpretarse como un gesto de apoyo de Washington a Londres, sino que se enmarca en una visión más amplia de la Casa Blanca sobre el papel de los organismos internacionales, más allá de la situación de las Malvinas.
La discusión sobre el rol del Comité de Descolonización coincide con la escalada de tensiones con Londres por el proyecto petrolero Sea Lion. Para frenar la explotación de recursos en las islas, el gobierno argentino solicitó la intervención del Tribunal Internacional del Derecho del Mar y presentó un proyecto de Ley de Soberanía que contempla sanciones para las empresas involucradas en actividades petroleras en la zona..