Un gran jurado federal en Nueva York presentó un nuevo instrumento acusatorio que describe descargas eléctricas y amenazas a hijos de prisioneros, incluyendo a ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela
Un gran jurado federal de Nueva York acusó este jueves a Nicolás Maduro Moros y a su esposa Cilia Adela Flores de Maduro de dirigir durante más de 25 años un sistema de tortura y violaciones de derechos humanos para mantenerse en el poder, en una acusación reformulada que amplía los cargos que ya pesaban sobre ambos por narcotráfico y terrorismo.
El documento, presentado este 8 de octubre ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York (caso S5 11 Cr. 205), constituye el quinto instrumento acusatorio contra Maduro en esa corte. La acusación original por narcoterrorismo y tráfico de drogas, radicada en marzo de 2020, fue ampliada en diciembre de 2025 con cargos contra Flores de Maduro. Ambos fueron detenidos el 3 de enero de 2026. La nueva acusación agrega un segundo cargo: conspiración para cometer tortura, en violación del Título 18 del Código de los Estados Unidos.
El gran jurado sostiene que, entre 1999 y 2025, miles de venezolanos fueron hostigados, detenidos arbitrariamente, procesados, agredidos, torturados o asesinados por agentes del Estado venezolano con el propósito de garantizar la permanencia de Maduro en el poder. La represión se intensificaba, según el documento, durante los períodos de mayor inestabilidad política.
Nicolás Maduro
El texto del gran jurado describe a Maduro como el conductor directo del sistema represivo: ordenaba qué personas debían ser detenidas y torturadas, recibía informes periódicos sobre el estado de los prisioneros y, en ocasiones, proponía métodos específicos.
Ante la noticia de que un detenido se negaba a hablar, el mandatario hacía una señal con las manos —simulando apretar algo— y decía “apriétenlos más fuerte”, según consta en el documento.
Flores de Maduro, por su parte, es señalada como arquitecta del sistema de represión: ayudó a diseñarlo y ordenó que individuos fueran torturados para proteger las actividades ilegales de miembros de su familia.
La acusación también señala a dos funcionarios venezolanos de alto rango, identificados como CC-1 y CC-2, que habrían ejecutado o coordinado directamente los tormentos, y a un tercero, CC-3, que desarrolló métodos de tortura que presentó a Maduro para su aprobación.
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La acusación detalla con precisión los métodos empleados. Un oficial militar venezolano —identificado como Víctima-2— fue secuestrado en noviembre de 2013 por órdenes de Maduro, sometido a dos días de interrogatorios durante los cuales recibió unas 20 descargas eléctricas con un cable vivo, fue golpeado en piernas, espalda y cabeza, suspendido de manos y pies hasta perder el conocimiento, y sumergido boca arriba unas 30 veces para simular el ahogamiento.
Luego fue trasladado a un campamento controlado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en territorio colombiano, donde los interrogadores le mostraron ropa interior femenina asegurando que era de su hija y amenazaron con secuestrarla y violarla si no confesaba. Maduro, según el documento, solicitó ver el video de la confesión forzada y ordenó que se distribuyera entre otros funcionarios del gobierno.
Otro caso documentado es el de la Víctima-4, detenida en enero de 2018. Durante el interrogatorio, CC-1 —un alto funcionario venezolano— amenazó con matar al hijo pequeño de la víctima si esta no revelaba el paradero de un disidente buscado por el régimen, describiendo el color de cabello del niño para mostrar que conocía su identidad.
Los agentes le aplicaron descargas eléctricas en los costados, pies y genitales mientras CC-1 permanecía en las cercanías, mirando su teléfono. Ese mismo disidente fue posteriormente asesinado en una operación de las fuerzas de seguridad, según la acusación, después de que CC-1 transmitiera órdenes de Maduro para ejecutarlo.
La acusación registra casos de ciudadanos de Estados Unidos sometidos a tormentos en Venezuela. La Víctima-7, un estadounidense detenido en enero de 2022 mientras ingresaba al país, fue trasladada a la prisión de Boleíta Norte, donde recibió descargas eléctricas en brazos, piernas y genitales, fue asfixiada, golpeada, privada de alimentos y agua, e inyectada con una sustancia que le provocó convulsiones. CC-3, el funcionario directamente implicado, presenció personalmente una de las sesiones de electrochoque, rio y se burló de la víctima mientras esta era electrocutada, y dirigió a otros agentes en el procedimiento. La víctima permaneció presa durante aproximadamente ocho meses y medio antes de ser liberada en octubre de 2022.
La Víctima-9, otro ciudadano estadounidense detenido en enero de 2025, fue golpeada con los puños en la cara, la cabeza y el abdomen cada media hora durante dos días seguidos, lo que le causó una lesión ocular permanente. Estuvo en custodia cerca de un año. Al momento de su liberación, en enero de 2026, CC-3 les advirtió a ella y a otros estadounidenses que no debían decir que el gobierno venezolano los había maltratado.