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Mundo Tragedia de setiembre de 2001

El polvo tóxico del 11-S contaminó las casas de Nueva York y las autoridades tardaron meses en advertirlo

Los expedientes revelan que distintas viviendas quedaron expuestas a materiales peligrosos tras el colapso de las Torres Gemelas, mientras el programa oficial de análisis llegó posteriormente

Viernes, 9 de Octubre de 2026
[ultimasnoticias]

Los documentos municipales que Nueva York divulgará muestran que el polvo tóxico del 11-S llegó a departamentos del bajo Manhattan y las autoridades tardaron meses en ofrecer un plan de análisis y limpieza para los hogares.

Durante ese lapso, muchos residentes regresaron y retiraron por su cuenta residuos que podían contener amianto y otros contaminantes.

El material entró por ventanas rotas o abiertas, conductos de ventilación, rendijas y equipos de aire acondicionado. Una vez dentro, quedó sobre muebles, pisos, alfombras y rejillas; al limpiarlo, las partículas podían volver a flotar en el aire que respiraban las familias.

Los archivos, revisados por The New York Times antes de su publicación, permiten seguir una parte menos visible de la emergencia posterior al derrumbe de las Torres Gemelas.

Mientras los mensajes públicos se concentraban en la calidad del aire exterior, la respuesta para los interiores quedó en gran medida a cargo de propietarios e inquilinos.

La nube generada por el colapso del World Trade Center mezcló materiales como amianto, hormigón, yeso, fibra de vidrio y metales pesados 
El polvo del World Trade Center permaneció en viviendas, alfombras y sistemas de aire

La nube que dejó el colapso del World Trade Center mezcló hormigón y yeso pulverizados, fibra de vidrio, cuarzo, metales pesados, amianto y compuestos liberados por la combustión de plásticos y combustible de aviación.

La cercanía a la Zona Cero, el daño en cada edificio y las vías de entrada determinaron cuánto material llegó a las viviendas.

Una semana después de los atentados, dos especialistas en higiene industrial analizaron aire y polvo de dos departamentos: uno junto a la Zona Cero y otro a pocas cuadras. El estudio, solicitado por funcionarios electos, detectó concentraciones elevadas de amianto.

El problema afectó de modo particular a Battery Park City, el conjunto residencial ubicado al oeste de las torres. Varios de sus más de 20 edificios de gran altura sufrieron roturas de ventanas durante los derrumbes.

Al regresar, algunas familias hallaron polvo dentro de sus hogares y en las rejillas del aire acondicionado, una vía que podía redistribuirlo en espacios cerrados.

Un estudio de higiene industrial encargado tras los atentados detectó concentraciones de amianto en departamentos cercanos a la Zona Cero 

Entre el 4 de noviembre y el 11 de diciembre de 2001, el Departamento de Salud de la ciudad y la Agencia para Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades examinaron 30 edificios residenciales.

Encontraron amianto en el 18 % de las muestras interiores y en más del 40 % de las exteriores. También detectaron fibra de vidrio, cuarzo y yeso, materiales asociados con problemas respiratorios.

Los organismos advirtieron sobre los posibles efectos de la mezcla de contaminantes, aunque discutieron cómo y en qué medida debían comunicar los resultados a los vecinos.

El Departamento de Salud de Nueva York aconsejó no barrer en seco y usar paños o mopas húmedas. También indicó lavar las alfombras con champú y después aspirarlas con equipos dotados de filtros de aire de alta eficiencia para partículas, conocidos como HEPA.

La recomendación de evitar el barrido en seco reconocía que mover el polvo podía hacerlo respirar otra vez.

Sin embargo, los especialistas que estudiaron las primeras viviendas alertaron que aspirar o retirar residuos de las superficies también podía poner los contaminantes nuevamente en suspensión.

Las pautas generales no exigían respiradores ni la intervención de cuadrillas especializadas en materiales peligrosos. Tampoco garantizaban que cada propietario hiciera pruebas y descontaminara el interior antes de que volvieran los inquilinos.

Así, una tarea doméstica podía exponer a quienes la realizaban a residuos que requerían una evaluación técnica.

La entonces administradora de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), Christine Todd Whitman, afirmó que el aire de la ciudad era seguro.

Los registros, sin embargo, describen mediciones y discusiones sobre contaminantes fuera y dentro de las propiedades, sin una estrategia equivalente para ambos ámbitos.

La ciudad de Nueva York difundirá más de 170.000 páginas de registros guardados durante dos décadas sobre el impacto de la contaminación residencial 

Fuera del perímetro inmediato de la Zona Cero, el Departamento de Protección Ambiental de la ciudad debía supervisar la limpieza.

Los documentos indican que dejó las pruebas de polvo y la descontaminación de interiores, en buena medida, bajo responsabilidad de los dueños de los edificios.


La agencia les recomendó analizar los residuos con escombros para establecer si contenían amianto y manipularlos de forma adecuada.

La aplicación de esas medidas fue desigual. Menos de la mitad de los hogares encuestados más tarde dijo que su vivienda había recibido la limpieza sugerida por las autoridades.

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