El Gobierno quiere que las empresas inviertan, pero ARCA les congela el capital y los bancos les encarecen el crédito. Después nos preguntamos por qué la inversión privada no despega con la velocidad que debería.
Hay una Argentina que no aparece en los discursos oficiales: la del empresario que tiene que pagar impuestos, sostener empleados, comprar mercadería y conseguir crédito mientras el Estado y los bancos le sacan oxígeno.
ARCA es un caso evidente.
El organismo tiene herramientas legales para cobrar sus deudas, pero el problema es cómo las utiliza. Embargar una cuenta bancaria no es cobrar: muchas veces es dejar a una empresa sin capital de trabajo.
La propia Cámara Argentina de Comercio advirtió que los embargos de cuentas y de fondos a cobrar restringen el flujo de dinero y pueden agravar la situación de las MiPyMEs cuando las ventas ya vienen debilitadas.
Y hay algo todavía más absurdo: ARCA ofrece planes de hasta 18 cuotas al 2,75% mensual, pero al mismo tiempo una empresa puede quedar con sus fondos inmovilizados por una ejecución fiscal.
¿Entonces qué quiere el Estado?
¿Que la empresa pague o que cierre?
Porque si una PyME tiene $100 millones en la cuenta para pagar sueldos, proveedores y cargas sociales, embargarle esos $100 millones no garantiza que el Estado cobre más rápido. Puede conseguir exactamente lo contrario: que la empresa deje de producir y que aparezcan nuevos incumplimientos.
Y después están los bancos.
El propio Banco Central reconoce la existencia de una diferencia importante entre las tasas que los bancos pagan por captar dinero y las que cobran por prestarlo. El presidente del BCRA admitió recientemente su preocupación por esa brecha y por el escaso dinamismo del crédito.
Los números actuales son claros: a comienzos de septiembre, la tasa TAMAR de bancos privados rondaba el 24,25% nominal anual, mientras que el costo del crédito empresarial puede ser considerablemente mayor según la línea y el riesgo.
Y ahora aparece la contradicción central.
El Gobierno quiere que las empresas inviertan, pero ARCA les congela el capital y los bancos les encarecen el crédito.
Después nos preguntamos por qué la inversión privada no despega con la velocidad que debería.
Hasta el Gobierno tuvo que reconocer el problema. En agosto anunció que permitirá a los bancos prestar hasta el 15% de sus depósitos en dólares a empresas, precisamente para ampliar el crédito productivo.
Es decir: el propio Gobierno sabe que falta crédito.
Entonces que deje de mirar solamente la recaudación.
Una empresa no es una caja automática de impuestos. Es capital, trabajo, proveedores, empleados y riesgo empresario.
Si debe $10 millones y tiene $20 millones en una cuenta para pagar sueldos, embargar los $20 millones puede ser una decisión fiscalmente cómoda y económicamente estúpida.
Y los bancos tampoco pueden seguir escondiendo detrás de una montaña de requisitos lo que en realidad muchas veces es simple falta de voluntad para prestar.
Piden garantías, seguros, documentación, balances, certificados y condiciones que convierten un crédito en una carrera de obstáculos. Y cuando finalmente aparece, el costo financiero y los gastos adicionales hacen que muchas veces el crédito deje de ser una herramienta para producir y se convierta en una deuda para sobrevivir.
Milei dijo que el Estado debía dejar de ser una carga.
Perfecto.
Que empiece por su propio Estado.
Que ARCA cobre sin destruir capital de trabajo.
Que los bancos presten sin inventar obstáculos.
Que se transparenten todos los costos.
Y que el Gobierno deje de mirar solamente el superávit fiscal y empiece a mirar también cuántas empresas están sobreviviendo con lo justo, cuántas están sin crédito y cuántas quedan al borde del cierre por una cuenta embargada.
Porque una cosa es ordenar la economía.
Otra muy distinta es ahogar al que todavía está produciendo.
Y hoy, entre ARCA que cobra rápido, bancos que prestan caro y un Gobierno que todavía no termina de corregir esa contradicción, el empresario está demasiado solo.
En mendoza un grupo de 4 abogados parecen estar involucrados en una acción que ya hasta parece ilegal. Habra que hacerle caso al presidente e ir contra las basuras de la casta y demandar lo que ya parece una maniobra ilegal y persecutoria. Esperemos que esta vez respondan